Aseguradora publica
de crédito
El Gobierno está a punto de culminar la privatización de la
Compañía Española de Seguro de Crédito a la Exportación (CESCE), uno de los
mecanismos de apoyo disponibles para las empresas españolas destinado a
facilitar su internacionalización en mercados extranjeros (generalmente, países
en desarrollo) y a los que cada año el Estado destina millones de euros. Las
ONG critican su privatización porque, según alertan, el proceso aumentará la
opacidad sobre el destino e impacto de estos fondos públicos que ya llevan años
denunciando.
El CESCE es una agencia de crédito a la
exportación, un instrumento habitual en las economías de la OCDE. Hasta ahora
era una empresa de capital mixto con más del 50% de carácter público y
funcionaba como una aseguradora (o reaseguradora) que da cobertura a proyectos
empresariales que, por su riesgo, no suelen ser asegurados por compañías
privadas.
Está considerado el principal instrumento financiero que
utiliza el Estado con el fin de apoyar la internacionalización de las empresas,
aunque no es el único. Como sociedad mercantil, CESCE opera de dos formas: por
un lado, ofrece seguros con fondos públicos (los llamados por cuenta del
Estado) y, por otro, funciona como aseguradora privada.
Es precisamente el
funcionamiento de estos seguros por cuenta del Estado lo que se pretende
modificar con el proyecto de Ley sobre cobertura por cuenta del Estado de los
riesgos de la internacionalización de la economía española, un texto que se
debatió en el Congreso de los Diputados el pasado 21 de noviembre y que ha
recibido fuertes críticas.
Se alerta de la
pérdida de control ciudadano sobre sus propios recursos, al privatizarse la
gestión de unos seguros que cubren a empresas españolas frente a los riesgos de
su acción en el exterior por cuenta de las arcas públicas, según denuncia una
decena de organizaciones sociales en
una carta remitida a los
diputados de la Cámara Baja. El texto ha pasado ya al Senado, que ultimará la
tramitación de la ley en febrero.
El cambio en la ley
es necesario para que el Estado pueda vender la parte que aún es pública y que
está en manos de la SEPI. Según publicaba esta misma semana Cinco Días, el
Estado se podría embolsar 200 millones de euros por la venta, y las empresas
finalistas para hacerse con este negocio son Mapfre, Mutua Madrileña y la
francesa Coface.
Las operaciones que realiza CESCE han saltado a primera
plana al salir a la luz que la entidad avaló a Sacyr en su proyecto para
construir el Canal de Panamá con una póliza de alrededor de 300 millones de
euros.
Según avanzó El Mundo, el Tribunal de Cuentas censuró en un
informe sobre el ejercicio 2009 esta operación, ya que no se había hecho
conforme a los criterios mínimos que marca el Ministerio de Economía, al que
estaba en el momento adscrito el CESCE. Si el órdago de Sacyr saliera mal y el
contrato para la construcción del canal resultara fallido, la deuda pública
tendría que soportar resarcir con 160 millones de euros al Estado panameño.
Privatizar y
liberalizar
Para defender el nuevo modelo de reaseguro, el ministro de
Economía, Luis de Guindos, hizo hincapié en el origen “preconstitucional” del
modelo actual. “Hoy, más que nunca, cuando iniciamos la recuperación,
necesitamos impulsar el sector exterior con instrumentos eficientes”, esgrimía De
Guindos. El Congreso rechazó el veto de la oposición socialista, que no ve
razones para su privatización.
Pero las críticas van
más allá de la privatización en sí. “Es algo que se repite casi como un mantra,
la internacionalización de las empresas españolas es positiva para el país,
favorece el crecimiento económico y la salida a la crisis y, además, contribuye
al desarrollo de esos países receptores”, recuerda Mónica Vargas, una
investigadora del Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) que lleva
más de una década rastreando los procesos de generación de deuda del sistema
económico actual.
“La cuestión es qué sucede cuando el Estado asegura con
fondos públicos los proyectos de alto riesgo de las grandes empresas españolas,
cómo están funcionando estos mecanismos de financiación de operaciones
internacionales y con qué consecuencias”, puntualiza.
CESCE, explica
Vargas, “es, de entre todos los instrumentos existentes para apoyar la
internacionalización, el más importante, el que más fondos mueve”. Los
Presupuestos Generales del Estado establecen los límites máximos de cobertura,
que para 2013 y 2014 están en 9.000 millones de euros. En 2012, CESCE gestionó
seguros por cuenta del Estado, esto es, con fondos públicos, por valor de 6.575
millones de euros, al margen de los 30.000 millones de euros que se emitieron
en seguros por cuenta privada.
“Lo que hace CESCE es
ofrecer una póliza que asegura a la empresa ante las posibles pérdidas que
pueda sufrir con motivo de su actividad exterior. El Estado cubre riesgos de
tipo político, por ejemplo, actos de expropiación o nacionalización, riesgos
extraordinarios, como las catástrofes naturales o los accidentes nucleares, o
riesgos de tipo comercial”, aclara esta investigadora.
Pero detrás de estos
mecanismos legales de financiación de la actividad empresarial en el exterior,
organizaciones como el ODG han identificado una serie de “fallos” que, ante la
posibilidad de que finalmente prospere la iniciativa y el CESCE se privatice,
aseguran que se recrudecerán. Llaman la atención sobre la opacidad de este
mecanismo, que consideran generador de un mayor endeudamiento en los países
empobrecidos a costa, muchas veces, de impactos ambientales y sobre los
derechos humanos. Ese es, en ocasiones, el resultado en los países receptores
de la internacionalización de algunas grandes empresas españolas.
“En lugar de enmendar
sus defectos, el proyecto de ley agrava esta situación”, denuncian, alegando
que el negocio, para las empresas y para el Estado, es redondo. “Finalmente,
quien acaba asegurando el riesgo de las grandes empresas españolas son los
países empobrecidos, no el Gobierno español, porque él lo cobrará como deuda
que contraerá el país receptor en caso de que la inversión fracase”, precisa
Vargas.
Falta de control
“Estamos hablando de
fondos públicos y, por tanto, como ciudadanos, tenemos derecho a la
información, deberíamos poder tener un control y acceso a datos sobre la
gestión de esos fondos, sobre todo cuando hablamos de esas cantidades, porque
son nuestros recursos pero CESCE se escuda en la confidencialidad, les
solicitamos información y es muy difícil obtenerla, hay muy poca
transparencia”, denuncia Vargas.
En este sentido,
eldiario.es ha tratado de ponerse en contacto con CESCE pero desde esta agencia
han evadido realizar declaraciones remitiéndose a la posición de la Secretaría
de Estado de Comercio al respecto. Tras trasladarle estas críticas, el
Ministerio de Economía no ha respondido hasta la fecha sobre ellas.
Además de la falta de
control sobre los proyectos que se aseguran con fondos públicos, el ODG destaca
la falta de medios de participación y de consulta de las poblaciones afectadas
por los proyectos asegurados. Esto es significativo, según explica esta
investigadora, porque generalmente se trata de proyectos con un elevado riesgo
medioambiental.
Con fecha de 31 de
diciembre de 2012, CESCE había generado una deuda comercial con España de cerca
de 3.300 millones de euros, un 20,75% del total de la deuda de terceros países
(aunque ha llegado a ser un 49%, recuerda Vargas, “constituyendo el principal
generador de deuda de los países del Sur con el Estado español”). Entre los
países más afectados, llama la atención encontrarse a un régimen dictatorial
como Guinea Ecuatorial, a países en situación de conflicto armado prolongado,
como la República Democrática del Congo, o en posconflicto, como Irak, y otros
como Cuba, Egipto, Nicaragua o Costa de Marfil.
Este, probablemente,
sea uno de los aspectos más silenciados de la internacionalización de nuestra
economía, el impacto sobre los derechos humanos y el medio ambiente de las
inversiones de las grandes empresas españolas en el exterior. “Hay una gran
cortina de humo mediática que sólo se explica por los vínculos entre los
grandes grupos de comunicación y esas empresas. Esto está bloqueando el acceso
real a la información. Es muy difícil llegar al público general con estas
historias”, constata Vargas.
Como experta, insiste
en la necesidad de que se establezcan formas de control de la acción de las
empresas. “Esto es algo que llevamos años denunciando. Se habla incluso de una
violación sistemática de los derechos humanos, con total impunidad, sin que
mecanismos como CESCE pidan control. Hay documentación sobre lo que está
ocurriendo, sobre cómo están actuando hidroeléctricas, petroleras,
constructoras en países como Brasil, Perú o Colombia de manera totalmente
impune. Esto es algo que, como sociedad, no podemos permitir”, sentencia.
En este sentido,
Vargas recuerda la “gran incoherencia” de la internacionalización de grandes
empresas españolas que, apoyadas con fondos y políticas públicas, “están
generando impactos negativos para las poblaciones de los países receptores”.
Todo esto es incompatible y contradice la propia legislación europea, que
supedita a todos sus Estados miembros a cumplir con los principios de la Unión.
En concreto, el artículo 21 del Tratado de Lisboa establece
como principios de la acción exterior europea “la democracia, el respeto de la
ley, la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y de las
libertades fundamentales, el respeto de la dignidad humana, los principios de
equidad y solidaridad”. En resumen, lo que solicitan organizaciones de la sociedad
civil como el ODG es que “la legislación internacional en materia de derechos
humanos se sitúe por encima del derecho corporativo”.