La gestión del
crédito comercial
Todas las empresas deben ser conscientes de la importancia
de la inversión realizada en las partidas de clientes del realizable, y no sólo
las grandes empresas deben tener mecanismos para gestionar adecuadamente los créditos
a clientes, sino que también las pymes deben adoptar la función de prevenir y
gestionar los riesgos de impagados.
Además hay que descartar la falsa idea que existe que la
gestión del riesgo del crédito empresarial sólo se debe realizar cuando la crisis
golpea a las empresas o en épocas de recesión económica. La correcta gestión
del crédito comercial se debe hacer siempre y no únicamente cuando la coyuntura
económica es desfavorable.
Contrariamente a lo que se hace habitualmente, la gestión
del riesgo comercial no ha de hacerse únicamente durante los ciclos económicos
negativos es decir cuando existe un serio problema de morosidad, sino que debe
realizarse en cualquier coyuntura económica, incluso en épocas de crecimiento y
bonanza.
Para realizar correctamente la administración del crédito de
un cliente el primer paso es conocer el concepto de riesgo vivo de un deudor
comercial. El riesgo vivo se define como todo el dinero que el acreedor puede
perder si un cliente entra en insolvencia definitiva.
Este riesgo vivo engloba las siguientes partidas: las
facturas no vencidas
-Las facturas vencidas y todavía no abonadas
- Las facturas pendientes por discusiones comerciales
- los efectos comerciales no vencidos en cartera
- Los efectos descontados
- Los adeudos en cuenta cargados al cliente dentro del
período de devolución (58 días si tenemos mandato y 400 si no lo tenemos)
- Las entregas de mercancía no facturadas
- Los pedidos en curso
Los tres grandes principios de gestión del crédito de
clientes
Un primer principio a tener en cuenta es que generalmente un
incremento de las partidas del activo circulante y concretamente en el
realizable de un balance, suele implicar en la mayoría de los casos un
incremento del pasivo circulante. Y en la mayoría de los casos supone para la
empresa proveedora la necesidad de obtener financiación bancaria a corto plazo
con coste.
No hay que olvidar que aproximadamente un 50% del valor
total de los préstamos básicos obtenidos por las Pymes se utiliza para sufragar
los créditos comerciales.
Este coste financiero no se recupera normalmente en su
totalidad con el precio de venta ya que no se puede repercutir íntegramente al
cliente, por lo que el proveedor deberá asumirlo teniendo una disminución de su
margen de beneficios. En el mejor de los casos si la empresa prestamista puede
inmovilizar fondos propios en las ventas con cobro aplazado, habría que evaluar
el lucro cesante que supone el aplazamiento del cobro sin compensación
financiera.
Un segundo factor a tener en cuenta es que una masa de
realizable en saldos de clientes por cobrar sobredimensionada en el balance
perjudica la imagen financiera de la empresa y deteriora los ratios en un
análisis de estados financieros.
En tercer lugar nunca hay que perder de vista que la
rentabilidad de un negocio depende de la duración del período de maduración del
dinero, es decir del tiempo que transcurre entre que el dinero sale de la
empresa hasta que vuelve.
El ciclo de maduración depende en gran medida de la duración
de la fase de cobro a clientes. Asimismo esta fase es de suma importancia
puesto que solamente en esta etapa la empresa puede recuperar las inversiones y
realizar beneficios, por consiguiente las empresas deben agilizar los
procedimientos para cobrar los saldos de clientes cuanto antes y aumentar la
rotación del realizable.
Qué implica la concesión de créditos a clientes
Las empresas proveedoras deben concienciarse de que cuando
otorgan aplazamientos de pago a sus compradores, están actuando como banqueros,
por lo tanto la concesión de créditos a clientes debe hacerse bajo unos
procedimientos que evalúen la solvencia y capacidad de pago de los deudores de
forma que se está protegiendo una importante inversión que debe proporcionar
una apropiada rentabilidad.
Las empresas ponen en juego su rentabilidad –cuando no su
propia supervivencia– en la correcta gestión de sus cuentas por cobrar y deben
adoptar como decisión estratégica obtener el máximo rendimiento de sus
inversiones en clientes.
La actitud de las empresas frente al crédito
Asimismo las empresas deben cambiar el enfoque tradicional
basado en una mentalidad excesivamente contable del crédito a clientes, que
contempla las masas patrimoniales formadas por los derechos de cobro como un
patrimonio de la empresa que se realiza por sí sólo. Los directivos de las
empresas deben ser conscientes que una visión excesivamente contable de la
administración de empresas, centrada únicamente en controlar las partidas del
debe y del haber y las masas patrimoniales del activo y del pasivo, no permite
obtener una imagen real del riesgo crediticio y de la evolución de los cobros.
Muchas empresas adoptan la actitud de que lo único que se
puede hacer con las cuentas de clientes es dejarlas madurar, ya que si se
espera pacientemente el momento oportuno, por si solas darán sus frutos y
generarán liquidez. En cambio lo que deberían de hacer es incorporar el
concepto de optimización de la gestión de sus cuentas de clientes,
trabajándolas constantemente para acelerar su transformación en recursos
líquidos y conseguir de este modo un incremento de la rentabilidad.
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