El fraude a las
firmas de seguros en Granada se dispara por causa de la crisis
Los casos de fraude a las diversas compañías de seguros que
trabajan en la provincia granadina, han crecido como la espuma en los últimos
cuatro años. La dureza con la que la crisis se ha cebado con miles de
trabajadores que han perdido su empleo, con pequeñas y medianas empresas
(pymes) que se han visto abocadas al cierre, explican este fenómeno. Pero
también el hecho de que existan unas altas expectativas de lucro, con bajo
nivel de riesgo, para cuantos asegurados se enfrascan en este tipo de
actividades delictivas.
Una situación la de Granada que no es exclusiva, pues el
fenómeno se ha extendido como una mancha de aceite por toda la geografía
nacional y las propias compañías aseguradoras estiman que seguirá al alza
durante un tiempo. Al menos, el que se tarde en remontar la difícil coyuntura
económica.
El último informe sobre la materia que ha sido elaborado por
la consultora ICEA (Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras y
Fondos de Pensiones) -prácticamente el único que analiza este fenómeno en
profundidad y con datos de todas y cada una de las provincias- es concluyente
al respecto. Recoge información directa de una veintena de compañías
aseguradoras de todo el país, de las más importantes y de las que mayor volumen
de trabajo tienen. No en vano, agrupan el 35,7% de las primas del total seguro
directo del sector y casi un 45% en los ramos de no vida.
Pues bien, según el citado trabajo y por lo que a Granada
concierne, el número de fraudes que las empresas aseguradoras detectaron en el pasado
año ascendió a 2.841, frente a los 2.457 del ejercicio anterior. Por tanto, el
crecimiento ha sido del 15,6%. Una cifra esta muy en la línea de lo ocurrido a
nivel nacional, donde el número de casos detectados aumentó en un 16,6%.
A la hora de analizar los ramos o sectores en los que se
produce mayor nivel de fraude, el del automóvil se mantiene cuantitativamente a
la cabeza con gran diferencia sobre todos los demás. Baste señalar a este
respecto que de los mencionados casos detectados en Granada, 2.399 son
atribuibles a este segmento.
Un pequeño ejemplo entre una enorme casuística relacionada
con este sector, sirve para ilustrar los datos ofrecidos por la mencionada
consultora. Según relata Adrián Couciro, cuatro jóvenes viajaban por una
carretera comarcal, se cruzaron en su camino con un perro y su automóvil acabó
empotrado contra un poste de electricidad, sin daños personales. El coche quedó
siniestro total, pero sólo tenía seguro de daños a terceros. El dueño del
vehículo propuso a sus amigos que fueran al médico y simulasen una lesión, como
un dolor cervical, para que la aseguradora les indemnizara a cada uno de ellos.
Juntarían después el dinero y el propietario podrá adquirir así otro coche,
aunque fuera de segunda mano. El fraude a la compañía de seguros quedaba
efectuado, con el consiguiente perjuicio económico para la misma.
A la cabeza
Este apartado del fraude en el segmento de los vehículos no
sólo ocupa el primer lugar entre todos los restantes, sino que en el caso de la
provincia granadina tiene tintes aún más preocupantes. No en vano, los
registros sobre delitos cometidos le han llevado a encabezar el ranking
nacional. En este caso, los datos proceden del primer Barómetro sobre el Fraude
en el Seguro de Autos, que ha sido elaborado por firma Línea Directa y que fue
presentado recientemente. Pues bien, a resultas de este trabajo, cabe concluir
que tres de cada cien partes de accidentes son falsos cuando la media nacional
está fijada en dos.
Preocupa a las aseguradoras que se hayan alcanzado estos
niveles y más aún, que haya un fraude organizado que en muchas ocasiones se
perpetra en connivencia con determinados proveedores, como talleres de
reparación, peritos, médicos o abogados, además de bandas especializadas en
estafas a gran escala.
Otros segmentos
Por lo que respecta a los otros segmentos de los seguros en
los que se han detectado también estas prácticas ilegales, cabe señalar que
aunque en número se alejan extraordinariamente de la rama de automóviles, los
crecimientos porcentuales son más que importantes. Así, en el apartado de
Responsabilidad Civil, la que cubre daños a terceros por actividades de
particulares o empresas, el crecimiento experimentado en los casos de fraude en
la provincia granadina alcanzó el pasado año un 18,5% en relación con el
anterior. Aquí de lo que se trata es de hacer pasar por cierto cualquier tipo
de accidente en el que se ven involucradas terceras personas, puestas de
acuerdo con el defraudador.
En lo tocante a los seguros de vida, accidentes y salud, el
incremento de los casos detectados es aún muy superior a todos los demás,
también en términos porcentuales. Del año 2009 al año 2010, crecieron nada
menos que un 44%. Una cifra que muestra bien a las claras que especialmente en
estos apartados es donde se ha volcado una mayor actividad defraudatoria,
aunque en términos cuantitativos se aleje mucho de sector del automóvil. En
este terreno, la estadística a nivel nacional también arroja crecimientos espectaculares
al pasar de 2.263 casos a un total de 4.153 en 2010.
Perfil del defraudador
No todas las personas que cometen un fraude a una compañía
aseguradora tienen el mismo perfil. Diferentes estudios al respecto resaltan el
caso de quienes han convertido este tipo de delitos en una práctica habitual,
que son personas con un nivel cultural e intelectual clasificado como
medio-alto, que conocen a la perfección el seguro y sus principios operativos.
Su profesión se mueve entre la de ejecutivos y profesionales liberales de una
parte, como de profesionales relacionados con el comercio, viajantes,
minoristas, comerciales y representantes de otra. Actúan atando todos cabos
posibles: pruebas, testigos, documentos, y con una notificación del siniestro
perfecta y adecuadamente cumplimentada.
El otro gran grupo es el de los defraudadores ocasionales,
que acometen esta actividad ilícita cuando han de hacer frente a un problema
económico creado por un siniestro auténtico. Dentro de este apartado se
encuentran también aquellos que defraudan sin tener que hacer frente a un
problema económico y tras un siniestro real.
Falta conciencia
Una de las razones que explican que haya personas que en su
vida hayan cometido un delito y, sin embargo, decidan engañar a su compañía de
seguros, es la falta de reproche social a este tipo de prácticas delictivas.
Quizás en muchas ocasiones porque previamente el autor de esa estafa ha sufrido
una pérdida económica, que de algún modo le excusa ante su entorno la práctica
cometida.
Y ello pese a que el fraude no esconde más que una estafa
que está contemplada en el Código Penal y que si es descubierta, puede acarrear
para su autor entre seis meses y cuatro años de cárcel para las más básicas.
Otras, de cantidades ingentes de dinero, conllevan condenas más duras. Por no
hablar de que la Ley de Contrato de Seguro contiene 13 preceptos por los que el
asegurador exonera su obligación
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