El cierre fiscal.
Siguiendo con la problemática que plantea el intentar
suavizar un resultado negativo, otra cuestión a revisar en el momento de cerrar
el ejercicio, son las amortizaciones. Aún cuando la empresa haya obtenido
beneficio, éste puede mermar o incluso convertirse en pérdida una vez se lleve
a gastos la reducción de valor del inmovilizado.
Todo inmovilizado (entendiendo como tal los bienes
destinados a producir por un periodo superior a un año) debe amortizarse, bien
sea material o intangible. Sin embargo, la amortización del inmovilizado
intangible presenta ciertas peculiaridades que conviene conocer, puesto que
puede ayudarnos a reducir las pérdidas.
Se definen como inmovilizado intangible aquellos bienes que
la empresa utiliza para obtener beneficios en el futuro. Tienen carácter no
monetario y carecen de apariencia física (aplicaciones informáticas, páginas
web, concesiones administrativas, derechos de traspaso, propiedad industrial…).
El inmovilizado material o tangible tiene una vida útil definida, transcurrida
la cual pasa a ser inservible. Pero no ocurre así con el intangible, que puede
ser utilizado por un tiempo indefinido, como sería el caso de una programa o
una marca.
El Plan General Contable aprobado en 2007 establece que tan
solo pueden amortizarse los activos intangibles que tengan una vida útil
definida. Por tanto, los que no la tienen no son susceptibles de amortización,
ni fiscal ni contable. Estos elementos generan una pérdida por deterioro, que
se refleja como una deducción a efectos fiscales de la décima parte de su
valor.
Esto supone una gran ventaja, ya que la deducibilidad no
está condicionada a su imputación contable en la cuenta de pérdidas y
ganancias. Podemos beneficiarnos doblemente, desgravando sin que esto suponga
un incremento de las pérdidas del ejercicio o una reducción del beneficio.
A día de hoy, numerosas empresas cuentan con algún tipo de
inmovilizado intangible que siguen utilizando, aún cuando ya está totalmente
amortizado y se considera obsoleto. Sería razonable aplicar una pérdida por
deterioro en lugar de amortizarlo, alargando su vida útil y mejorando los
resultados del cierre fiscal y contable.
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